viernes, enero 13, 2012

Antes de Drácula


El sello Mondadori publica una vistosa antología de relatos con el vampiro, uno de los mitos que más literatura ha generado en los últimos años, como protagonista.

La antología reúne a narradores procedentes, de Este a Oeste, de Rusia, Alemania, Francia, Escocia, Irlanda y Estados Unidos. La cuota femenina está representada exclusivamente en la nómina de personajes. De Edgar Allan Poe se incluye Berenice, un caso de locura más que de vampirismo, en torno a un hombre -"Mi nombre de pila es Egaeus; no mencionaré mi apellido"- obsesionado con la prominente dentadura de una prima suya, a quien está prometido en matrimonio. Difícil decir quién es el auténtico monstruo. La presencia de Carmilla -protagonista del magnífico relato homónimo de Joseph Sheridan Le Fanu- era casi obligatoria, no sólo por ser la vampira más famosa de las letras universales, sino porque en su historia bulle el componente sexual que ha ido adhiriéndose al mito. Y es que el vampiro se connotó en fecha temprana y, de ser la enésima destilación del Mal, pasó a encarnar lo oculto, lo silenciado, lo prohibido, el tabú. Para la escuela psicoanalítica, el vampiro simboliza diversas formas retorcidas del deseo; para Gérard Lenne, Drácula sería un "Don Juan de Ultratumba".

Aunque la imagen más difundida sea la del aristócrata decadente canonizada por la novela de Bram Stoker, el vampiro es una criatura proteica con una portentosa capacidad de adaptación a cualquier circunstancia y latitud, a cualquier tiempo e intención. En La dama pálida, Alexandre Dumas nos lleva a los Cárpatos, cuna y tumba de los vampiros de mayor nombradía: la protagonista es una noble polaca a la que se disputan dos hermanos que son, como el día y la noche, un pozo de luz el uno, un pozo de sombras el otro. En El parásito, Arthur Conan Doyle trenza una sólida trama en torno a un vampiro psíquico, que no sorbe la sangre de su víctima, sino la voluntad. En El Horla, Guy de Maupassant lo dibuja como una presencia invisible, más fantasma que otra cosa. En Vi de Nikolái Gógol, en cambio, el vampiro es uno más -ni siquiera el más peligroso entre ellos- en una estirpe de brujas, trasgos, gnomos y otras ramas desgajadas de un mismo tronco legendario...